miércoles, 26 de julio de 2017

La Kandake Amanirenas, la enemiga más desconocida de Roma

En la larga Historia de Roma, son muchos los que se enfrentaron al poder del creciente Imperio, pero pocos tan olvidados en la actualidad como el reino de Kush, quizás porque la propia Roma no quiso dejar demasiado constancia de su más que evidente derrota contra este reino africano ni presentar a la kandake Amanirenas como a la nueva, y en este caso, victoriosa reina Cleopatra.

Kush era una región situada a lo largo del valle del Nilo que comprendía el sur del actual Egipto y se extendía por el norte del actual Sudán, situada en concreto entre la segunda catarata y la confluencia del Nilo Azul y el Nilo Blanco. Se trataba además de una de las dos regiones en las que se dividía la antigua Nubia, con Wawat (hasta la segunda catarata del Nilo) y la provincia egipcia de Ta Seti ("Tierra del Arco") al norte. La riqueza en materias primas, sobre todo en oro, de Kush despertó pronto el interés de Egipto por el territorio, constatándose expediciones egipcias a la Baja Nubia en una época tan temprana como la del faraón Narmer, en el período arcaico; sin embargo no será hasta Sesostris I, durante el Reino Medio, que la conquista puede considerarse como concluida. Será en el decimoctavo año del reinado de este último faraón cuando se mencione por vez primera el nombre de Kush. Se trató de momento de una conquista puramente militar pensada únicamente para el control de recursos.

En el Segundo Período Intermedio de Egipto (1780-1580 a.C.) los egipcios pierden el control de la zona, pues, aprovechando la invasión de los hicsos, los nubios destruyen todos los fuertes egipcios y liberan la región. Surge entonces en Kerma (al sur de la tercera catarata) una poderosa dinastía local, que la convirtió en la primera capital del Reino de Kush. Se han conservado incluso evidencias de acuerdos diplomáticos entre los hicsos del Delta y kushitas en contra del Alto Egipto, último reducto egipcio controlado por el faraón Kamose. Expulsados los hicsos, la Dinastía XVIII reinició la ocupación. Amenhotep I (1527-1506 a.C.) creó el cargo de "virrey de Kush", quien con residencia oficial en Aniba, administraba el país y sólo respondía ante el faraón. Su sucesor, Tutmosis I (1506-1494 a.C.) terminó de liquidar el Reino de Kush, ocupando hasta la quinta catarata e iniciando en Kush un período de fortísima aculturación egipcia que caracterizaría el resto de su historia: los kushitas adoptaron su cultura, su religión e incluso su administración. Sin embargo, al finalizar la Dinastía XIX y durante la Dinastía XX la situación cambia: con Ramsés XI, un sacerdote llamado Herihor (1090-1074 a.C.) se convierte en virrey de Nubia y a la muerte del faraón se proclama rey. Hacia el final de la Dinastía, alrededor del 1050 a.C., se produjeron violentos movimientos separatistas que iniciaron el Tercer Período Intermedio y supusieron el desmembramiento de Egipto en multitud de reinos independientes, quedando Nubia durante dos siglos por completo a su suerte

Finalmente, el rey Alara (775-760 a.C.) unificaría toda Nubia Superior, desde Meroe hasta la tercera catarata del Nilo y establecería en Napata la capital religiosa de Kush, situada inmediatamente después de la cuarta catarata del Nilo. Esta primera etapa del reino kushita, conocida como etapa napatiense (aprox. 750-300 a.C.), tenía una fuerte impronta egipcia. Alara sería sucedido por Kashta (760-747 a.C.) y Pianjy (747-716 a.C.), quién conquistaría gran parte del Alto Egipto hasta establecer la nueva frontera del reino más allá de Tebas. La ocupación, sin embargo, no fue permanente, siendo su sucesor Shabaka (716-701 a.C.) quien afianzara el mando, facilitado por el hecho de que en esta época, Egipto, controlado por príncipes libios, estaba dividido en pequeños reinos, que podían por tanto presentar poca oposición. Durante casi un siglo (747-664 a.C.), bajo el gobierno de la Dinastía XXV, Egipto fue controlado por su antigua provincia Nubia, hasta que en 660 a.C. obtuvo de nuevo la independencia con ayuda de los asirios. Fue Taharqa (690-664 a.C.) quién debió enfrentarse a la expansión asiria, para, tras las ventajas iniciales, replegarse hasta Napata; a su muerte, el rey asirio Assubanipal en el 663 a.C. saquearía la ciudad de Tebas y con su sucesor, Tanutamón (664-656 a.C.) finalizaría el dominio de los reyes nubios en Egipto. La dinastía kushita, sin embargo, siguió gobernando el sur del territorio.

Tras la retirada, Napata entró en decadencia. Tanutamón fue el último de los soberanos locales en hacerse enterrar en la necrópolis de El-Kurru en Napata. Sus sucesores lo hicieron en una localidad cercana, Nuri. Nubia se mantendría integrada, pero por completo aislada de la escena internacional, y paulatinamente se iría africanizando. Todo cuando sabemos de este período es que se produjeron pequeñas luchas contra los pueblos nómadas medja/meded y rehreh, tradicionales enemigos de Kush, y los blemios, un pueblo del sudeste. Se conoce también la sucesión y fechas aproximadas del reinado de los siguientes cuatro reyes (Atlanersa, Senkamanisken, Anlamani y Aspelta), pero nada de los hechos acaecidos durante sus respectivos reinados. En 591 a.C., durante el reinado de Aspelta, el faraón Psammético III invade Kush al frente de un ejército de mercenarios griegos, capturando Napata, con lo que la capital debe trasladarse al sur, cerca de la sexta catarata, a Meroe, fundada probablemente bajo Pianjy. Sin embargo, la ocupación egipcia apenas dura y, tras la retirada, Napata continúa como capital religiosa y principal necrópolis real durante algún tiempo. De nuevo, de los reyes posteriores a Aspelta, durante los siglos V y VI a.C., se conoce muy poco: se conservan algunos monumentos y, a menudo, únicamente sus pirámides. Egipto finalmente será conquistado por el rey persa Cambises II y, más tarde, por el rey macedonio Alejandro Magno, pero ambos sin embargo fracasarán al intentar extender su control hacia Nubia. Desde finales del siglo V a.C. los nubios se fortalecen, aumenta la actividad constructora y se tiene mayor constancia de su desarrollo histórico, si bien el conocimiento de la escritura jeroglífica se va perdiendo.

Arkakamani (hacia 280 a.C.) fue el primer rey de la época meroítica. Bajo el nombre de Ergamenes, es uno de los pocos reyes kushitas que los autores clásicos, como Diodoro Sículo, mencionan. Bajo su reinado, Meroe, desde hacia tiempo capital de Kush en sustitución de Napata, se convirtió también en necrópolis real; la cultura kushita abandonó definitivamente los rasgos egipcios, su arte y cultura finalizan su africanización, e incorporan ahora también elementos helenos, por influencia del vecino reino ptolomaico de Egipto, si bien conservan los enterramientos reales bajo pirámides de pequeña altura como uno de los rasgos más distintivos de su cultua, y al dios Amani, nombre nubio del egipcio Amón, como dios principal, aunque paulatinamente se verá desplazado por Apedemak, deidad nubia vinculada a la nueva dinastía meroítica. De los reyes que sucedieron a Arkakamani se conoce muy poco, y de la mayoría sólo se tiene constancia por sus pirámides. Hay indicios de que Kush atacó el Egipto ptolemaico y capturó la Baja Nubia, donde se conservan templos de los reyes kushitas Adikhalamani (a quién se debe el templo de Debod situado ahora en Madrid) y Argamani. Shanakdakhete sería la primera reina nubia o kandake que gobernó Kush, y si bien bajo su reinado aparecen las primeras inscripciones en escritura meroítica, es Amanirenas la más destacada de las kandakes kushitas, si bien la más conocida es Amanishakheto, gracias a su extraordinaria colección de joyería descubierta en 1832 por el explorador italiano Guiseppe Ferlini y al hecho de haber sido mencionada en la Biblia (Hechos de los Apóstoles 8, 27)

Pero, ¿quién era Amanirenas? Las inscripciones la otorgan tanto el título de Qore como de Kandake, lo que nos sugiere que actúo como reina y gobernadora de Kush entre los años 40 y 10 a.C. Por lo general, se acepta que Amanirenas es la reina "Candace" que Estrabón menciona en su relato sobre la guerra romana contra Meroe (27-22 a.C.), describiéndola como valiente y ciega de un ojo. Su nombre además se asocia con los de los reyes meroítas Teriteqas y Akinidad, posiblemente su esposo y su hijo. Sería Teriteqas quién, según Estrabón, iniciara la ofensiva aprovechando la ausencia del prefecto de Egipto, Aelius Gallus, en la campaña de Arabia del año 24 a.C.; sin embargo, atribuir el inicio de las hostilidades al enemigo y no al propio Estado romano es un recurso bastante extendido en toda la historiografía romana pensado para descargar de toda responsabilidad a Roma en el conflicto y para presentar la guerra como una campaña legítima de defensa y no un ofensiva ilegítima sin mediar provocación previa, que era en verdad lo más frecuente. En este caso, no debe descartarse, que, apenas seis años después de haber convertido Egipto en provincia romana, el Imperio, en plena expansión, no hubiera puesto también sus ojos en la rica Kush y deba atribuírsele a Roma y no a Meroe -que vivía, como hemos visto, replegada sobre sí misma- las primeras hostilidades, que Estrabón sin embargo no registra. Para Estrabón, el inicio de la guerra se debió a los ataques kushitas contra Syene, actual Asuán. La conquista de esta ciudad y de Philae, no obstante, se debieron no a Teriteqas, que murió al parecer poco después de iniciada la guerra, sino a Amanirenas y Akinidad, quienes llegarían hasta la isla de Elefantina. Madre e hijo volverían a Kush con numerosos prisioneros y un gran botín, incluyendo varias estatuas del emperador Augusto, una de las cuales, realizada en bronce, sería enterrada por la reina bajo la entrada de su palacio, de tal forma que ella y todos los que iban y venían pudieran pisar la cabeza del enemigo.

La victoria, no obstante, no duraría mucho, siendo expulsados los kushitas de Syene un año más tarde por Publio Petronio, sucesor de Aelius Gallus en la prefectura de Egipto. Según el detallado informe realizado por Estrabón (17; 53-54), las tropas romanas, tras recuperar la actual Asuán, avanzaron inmediatamente hacia Kush, llegando finalmente a Napata. Aunque no tardaron en retirarse de nuevo al norte, dejaron atrás una guarnición en Qars Ibrim (Primis), que se convirtió, durante menos de un lustro, en la frontera más meridional del Imperio romano. Los kushitas harían varios intentos de apoderarse de Primis, pero los sucesores de Petronio repelieron todos los ataques. Tras la muerte de Akinidad en Dakka hacia 24 a.C., que dejó a su madre Amanirenas al frente del gobierno kushita durante los siguientes catorce años, se iniciaron las negociaciones de paz. De nuevo la iniciativa partió de los meroítas, según Estrabón, quienes enviaron embajadores a Augusto, entonces residente en la isla de Samos. El tratado, firmado entre 21/20 a.C., estableció no sólo que los kushitas quedaban exentos de pagar cualquier tipo de tributo a Roma, sino también que los romanos evacuarían todo el territorio kushita hasta entonces conquistado, incluida la fortaleza de Primis; los romanos seguirían ocupando el Dodekashoinos como zona fronteriza militar, por lo que la frontera se situaba de nuevo cerca de Hiere Sycaminos (Maharraqa), igual que en  31 a.C. con la conquista del reino ptolemaico de Egipto. Sorprende la firma de un tratado tan favorable para los kushitas y tan perjudicial para los romanos, a pesar de que, según Estrabón, la ventaja militar se decantaba a favor de éstos últimos; ello nos lleva a pensar nuevamente que el escritor nos está ocultando la verdad de los hechos, y que los kushitas, de alguna forma, habían logrado neutralizar al ejército romano o decantar la balanza de la guerra a su favor. El tratado, que debemos atribuir únicamente a Amanirenas, continuó vigente hasta finales del siglo III, momento en que el reino de Kush desaparece, siendo hasta entonces las relaciones entre Meroe y el Egipto romano completamente pacíficas.


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Imágenes:
Fotografías 1, 2 y 3: Distintas representaciones artísticas de Amanirenas
Fotografía 4: Pirámides de Meroe
Fotografía 5: Posible representación de Amanirenas en el templo del León en Naqa
Fotografía 6: Detalle de la joyería hallada en la tumba de la reina Amanishaketo 

Recomendamos el siguiente comic sobre Amanirenashttp://www.rejectedprincesses.com/princesses/amanirenas

1 comentario:

  1. Felicidades por el artículo. Me parece sumamente interesante la Historia de esta parte de África en esa época que me era totalmente desconocida hasta ahora. Gracias por la difusión.

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